domingo, 3 de noviembre de 2013

Almas en Descanso Eterno

 
En un día otoñal Père Lachaise no es el lugar a donde uno iría a pasear el perro buscando, digamos, setas. Es uno de los parques, puede considerarse así, más bellos de la ciudad y cuando caen las hojas de sus numerosos árboles, el lugar toma conciencia de lo que realmente es, un cementerio. El ambiente allí se tiñe de inevitable melancolía, que va creciendo cuanto más permaneces por sus avenidas ojeando la tumba que has venido a visitar.
 
A los parisinos les llevó un tiempo aceptar esta residencia eterna como su preferida, ya que en los días que Napoleón la promovió no se consideraba adecuada, debido a la distancia que se encontraba del centro de la ciudad. Fue necesario un traslado de inquilinos ilustres de otros repositorios para que la burguesía de la época moviera afirmativamente la cabeza, porque ¿quién no se mudaría a un barrio donde tendría como vecino los huesos de Molière, por ejemplo? Los siguientes casos, entre muchos otros ya que la nómina de ilustres moradores es amplia, tienen acomodo en esta necrópolis.
 
Tumba de Jim Morrison en Pere Lachaise
 
Cuando James Douglas Morrison ingresó en la nómina de los cadáveres bien parecidos (y en el club de las muertes poco claras) vivía en París, adonde se había trasladado buscando la paz interior necesaria para componer poesía (exteriormente seguía en sus broncos trece). Se cuenta que paseando por sus avenidas comentó su deseo de ser enterrado allí. Dicho y hecho, el chamán indio que decía poseerlo se lo concedió y allí lo envió poco después. El reconocimiento intelectual que ansiosamente buscó y que se le negó en vida, de alguna manera lo logró y, aunque su sencilla tumba no es muy fácil de ver, es el cuarto lugar más visitado de París; puedes decir que es el lugar el que prestigia al Rey Lagarto y no al revés.
 
Hace años que el busto que lo decoraba desapareció como por encanto, demediando el bloque que sustenta la lápida, de libre significado si creemos las traducciones que circulan por Internet, (espíritu y demonio no pueden decirse igual por muy antiguo que sea el griego en que escribieron el epitafio). Los responsables del camposanto, hartos de todo tipo de excesos, decidieron poner guardia a su lado (Jim, hasta después de muerto sigues dando trabajo a las autoridades) y unas antiestéticas vallas de obra para que sus admiradores no se desmadraran. Si vas temprano por allí recojerás la cosecha de silencio del lugar y el aburrimiento de los guardias, antes de que empiece el carnaval diario de peregrinaciones.
 
Mausoleo
 
La parte española tiene en el mausoleo del marqués de Las Marismas del Guadalquivir un más que digno representante. La vida de Alejandro Aguado, conveniente apellido el del noble sevillano, no está exenta de avatares aunque también de sonados éxitos: soldado napoleónico, fue exiliado a París por afrancesado, pero lejos de lamentarse de su suerte perseveró en el comercio con las colonias españolas, llegando a convertirse por ironías del destino en banquero de Fernando VII (y ganarse la ojeriza de los Rothschild, de paso). Éste con el tiempo se olvidó de sus antiguos pecadillos otorgándole el título nobiliario, permitiéndole volver a España, donde murió de vuelta a París. Leal a si mismo, ejerció de mecenas en numerosas ocasiones y fue amigo íntimo de José de San Martín.
 
Tumba de Oscar Wilde en Pere Lachaise
 
Esta imagen ya no es, es decir, la tumba de Oscar Wilde sigue indudablemente allí pero limpia como una patena de marcas de labios pintados, gracias al cristal de dos metros que ha instalado el gobierno irlandés, rascándose el bolsillo a instancias de los herederos del escritor. La medida tiene sus partidarios (nuevamente las autoridades, herederos y demás amantes del orden y la limpieza) y detractores (legión de admiradores que sienten hurtado su homenaje al escritor). Si quieres seguir con la tradición y que tu recuerdo perdure puedes besar el árbol de la izquierda, que, de momento, no se ha quejado. El monumento modernista (castrado hace ya bastante tiempo por algún tiñoso) de Jacob Epstein tiene ya más de cien años, pero su encaje resulta extraño entre los sepulcros del siglo XIX, a la manera del señor Wilde entre la sociedad de su época, lo que le valió la cárcel y que hizo que se autoexiliase en la ciudad del Sena, donde falleció.
 
 
Cuando lleves un rato paseando y el espíritu del lugar se apodere de ti (que lo hará, no dudes de ello) y decidas huir de allí, no pierdas ocasión de rendir tu homenaje a los mártires de la Comuna de 1871, fusilados contra uno de los muros del cementerio. Su matiz revolucionario hizo que no fueran aceptados allí, quedando acogidos sus cuerpos en fosas comunes, desterrados del lugar. Es seguro que con cánticos libertarios sus almas perturben a las de los burgueses desde el muro.
 
Ya buscando el próximo monumento no dejes de pensar en las estatuas femeninas que forman los conjuntos escultóricos. Ya sabes que son representaciones simbólicas de las virtudes de los enterrados, aunque seguro que más de uno se conocía al dedillo la historia de los faraones y emperadores chinos, empeñados en pasar a la otra vida con todo lo necesario para llevar una existencia acomodada, además de acompañada. Los días en la eternidad deben hacerse muy largos...

viernes, 25 de octubre de 2013

Ganando altura

Subiendo a Collado Jermoso

Se acercan tiempos de tormentas, nieve y tinieblas. No se trata del comienzo de una novela épica (si así lo crees, recuerda al Olvidado Rey Gudú, en vez de las anglosajonas de siempre). Se acerca porque estamos en otoño, con la caída de la hoja y sus primeras nieves, que dará paso a la meteorología arriba descrita, antes o después. El bosque y la montaña es el lugar para celebrar el cambio de estación y detenerte a mirar atrás mientras vas ganado altura, aunque no retrocedas ni para tomar impulso, contemplando la gama de tonos ocre que cubren el paisaje, poniendo con ello en peligro tu equilibrio y seguridad.

En estos días no es una mala manera de fortalecer el cuerpo y la mente adentrándose en el Macizo Central de los Picos de Europa. De las innumerables rutas que te esperan, la que sube a Collado Jermoso desde Posada de Valdeón tiene su punto de exigencia. Sus estrechos pasos con interminables caídas harán que mires más de una vez hacia el otro lado, obligando a tu mente a mantenerse firme y a rechazar los miedos una y otra vez. Nada malo sucederá si tus pasos son firmes y el ánimo templado, pero tienen que serlo.

Picos de Europa Macizo Central

Si decides ir las montañas, esos jueces implacables de la debilidad humana, te esperarán   para desafiarte y cuando llegues a tu destino, estarás contento de recibir una comida caliente, sencilla y restauradora, un espacio para dormir y de divertirte con las historias de extraños que comparten el refugio contigo. Recuerda que lo importante es regresar y aunque sepas que tu meta se encuentra a poca distancia, un paso en falso en terrero inseguro hará que tus días viajeros terminen prematuramente. La comida y el descanso forma parte de las satisfacciones de la ascensión, pero no es la verdadera recompensa: el atardecer colgado casi en el vacío, la victoria sobre tus miedos y paradas intermedias como la Vega de Liordes son motivos suficientes para intentarlo y regresar allí.

Sí, que también está la ruta desde Cordiñanes, dura de verdad. Recuerda que a la montaña se va y se vuelve, pequeño saltamontes, y que el viaje de ida no tiene que ser necesariamente el de vuelta y que las mayores dificultades a veces no están cuando subes, sino cuando desciendes. Tus demonios pueden aparecer y llevarte con ellos. Aunque mejor no anticipemos acontecimientos y, como en los antiguos seriales radiofónicos, colguemos el cartel de "continuará"...

Refugio Diego Mella en Collado Jermoso

martes, 15 de octubre de 2013

Piedra y agua

Fontana di Trevi de noche

Lo primero que te asombra cuando llegas por primera vez a la Piazza di Trevi es su reducido tamaño comparado con el magnífico conjunto que la decora. En tu imaginación has creado la idea de que su Fontana, magna obra en la que intervinieron muchas manos, debería estar por fuerza emplazada en un lugar espacioso que permita apreciarla en lo que crees su justa medida. Tiene su sentido, porque antes de ella existía en el lugar una más modesta pero acorde a las dimensiones del recinto. La impresión que queda después del primer impacto, es, por utilizar un símil italiano, la de una ópera al aire libre. Cuando te la encuentras de frente no busques la fila siete y si se te ocurre ir a la happy hour ni te molestes en encontrar acomodo en las escaleras que a modo de patio de butacas utilizan los turistas para contemplarla, eso sin contar con el tráfico que por allí circula, que dota al lugar de un plus de caos romano que viene con los tiempos.
 
La expectación del lugar y el momento se corta con un cuchillo y sientes estar en una especie de olla a presión que de un momento a otro comenzará a bullir sin control. Antes de ser autoexpulsado por el overbooking te llama la atención la actitud contemplativa de los espectadores, similar a la de las masas que salen por la noche y copa en mano esperan a que ocurra algo, mientras los personajes del escenario principal, acostumbrados al trasiego de siglos, permanecen inamovibles.
 
 
Fontana di Trevi detalle
 
Los intérpretes principales, mudos para aquéllos que incansablemente van a admirarlos, no suelan prenda. Indiferentes a la admiración que provocan, su reino no es de este mundo y no esperes escuchar de sus labios sellados baratos cotilleos sobre lo que Marcelo le dijo a Anita mientras Fellini les obligaba a mojarse sensualmente las piernas en aquel verano de dolce vita. Cumplen con la tripleta del monosabio, administrando con romano esplendor los líquidos recursos que fluyen sin cesar del mármol de la fuente, desde hace más de doscientos cincuenta años.
 
 Después de la fugaz visión diurna decides jugártela a la carta nocturna, contando que a esa hora todo quede aligerado. A la medianoche aciertas con la previsión porque sólo unos pocos han pensado como tú. La penumbra y la dramática iluminación que adorna la escena le aporta un plus de misterio que puede engañar a tus sentidos, haciéndote creer que el movimiento que le fue negado a la sesión diurna lo vieses en la noche, creyéndote entrever pequeños gestos de las figuras. Pellízcate o abandónate a tu extravío, lo que prefieras.

Fontana di Trevi detalle
 
Mención aparte para los esforzados figurantes, carabinieri que a esas horas ya están, nunca mejor dicho, hasta la gorra. Sus caras cansadas son un poema y si los rigores climáticos aprietan, es un milagro que no acorten su turno llevándose detenidos a los que por allí aparecen, por abuso a la autoridad. Saben que no es un pico de asistentes o un movimiento estacional: seguirá siendo así día tras día, porque no olvides que Roma, la inmortal Roma, es eterna; los antiguos así lo vieron y lanzaron a los cuatro vientos. Siempre fueron inteligentes y más por estos lares ...

 

jueves, 10 de octubre de 2013

Un poco de Cádiz

Atardecer desde el Parador de Cadiz

Por complacerla, terminasteis los dos aquella tarde no exactamente frente al mar. Podría decirse que en el lugar equivocado, ya que cerca os esperaba la preciosa playa de La Caleta con uno de sus atardeceres mágicos. Es cierto que con el silbato del salvavidas todos se habían retirado a la hora del teórico cierre y no había manera de conseguir que abandonara la piscina, por lo que decidiste acompañarla, quedándote mientras el bañador se secaba.
 
La brisa marina no impedía permanecer allí, mirando como el sol iba cayendo al mar, que estaba quieto como un plato, esperando al círculo de fuego. Sólo las gaviotas buscando el agua dulce os seguían con la mirada mientras nadabais alrededor, al diablo el bañador, o jugabais con las tumbonas, que os aguantaban con pereza, esperando pacientemente a que volvierais a flotar ingrávidos en el mismo líquido que las sostenía.
 
Atardecer desde el Parador de Cadiz

Esa tarde parecía que todo os cedía más tiempo para estar juntos, con pocas palabras, pues no hacían falta para disfrutar el momento. Los rayos del sol iban apuntándoos cada vez más oblicuos mientras el naranja y el azul se acercaban  el uno del otro cada vez más y el resto de los objetos que llenaban el escenario, animados o inanimados, de reojo les imitaban.
 
Cuando los dos colores se fundieron anulándose mutuamente y todo aquello llegó a su final, dejasteis el lugar en silencio, sabiendo que Cádiz os despedía al anochecer sin preguntas. Ibais pensando donde iríais a continuación, caminando casi de espaldas, fijando para siempre con la mirada ese instante, que os guiaría hasta allí la próxima vez, sin importarle como ni cuando fuera vuestra vuelta, ni tan siquiera que os viera otra vez. Rogad a los dioses que la Vida no tuerza vuestros planes, al menos no demasiado...
 

Postamigo

Atardeceres del Mundo Viajes y Vivencias

martes, 1 de octubre de 2013

Praga a tus pies


¿Qué hacer cuando las palabras apropiadas para describir ese lugar maravilloso no terminan de llegar? ¿Cuándo el tiempo pasa sin que llegue la mágica combinación que llene de ideas tu embotada cabeza y haga que fluyan como un torrente desbordado? ¿Si las emociones del donde y el cuando se refugian temerosas en los más profundo de tu ser y no quieres proseguir sin su compañía? No preguntes más, simplemente escribe y de ahí saldrán las respuestas. Puedes poner como disculpa que el Síndrome de Stendhal aleteaba cercano mientras te encontrabas en la Staromestske námestí (Plaza de la Ciudad Vieja) de Praga, porque más de uno se habrá sentido igual. O que su recuerdo permanece tan potente en tu memoria que no eres capaz de articular un desarrollo  que lo explique, porque sientes que las palabras no son suficientes para transmitirlo.

 
¿Quién no ha soñado alguna vez con tener una beldad a sus pies? Este día, que quizás no tenías previsto, puede ser tu oportunidad, aunque sabes que no va a ser ella la que se mueva; tendrás que subir los doscientos noventa y nueve escalones de la torre del antiguo ayuntamiento, sorteando las tentaciones que te irás encontrando en cada piso. Valdrá la pena el esfuerzo, pues la belleza de la ciudad te estará deslumbrando desde las alturas en que la admires. Cuando llegas al mirador, si todavía te quedaba aliento lo perderás al contemplar la visión con que los ángeles se recrean cuando sobrevuelan la ciudad.

 
Lo primero que llama la  atención es la cantidad de estilos arquitectónicos que conviven en armonía, ya que el abanico de construcciones comprende desde el gótico de la iglesia de Tyn, donde reposan los restos del astrónomo Tycho Brahe, hasta el barroco de la espléndida iglesia de San Nicolás o  las viviendas decimonónicas que hacen esquina con la reluciente calle Pařížská, alternándose estilos y alturas sin pedirse permiso (ni meterse el dedo en el ojo). Si todavía tienes fuerzas para seguir drogándote por los ojos. Estos te mostrarán la Torre de la Pólvora, adivinarás las calles donde antes estuvo el antiguo Barrio Judío y la Catedral de San Vito te retará en la distancia. pero no serán los únicos, podrás pasar el día entero adivinado y aprendiendo sobre la ciudad entera que se muestra ante ti.
 
La plaza es un punto de encuentro natural y, aunque llegaras sin mapa a Praga, el instinto te llevaría hasta allí. Desde las alturas, está llena de muñecos que se mueven en un aparente caos, ora yendo de puesto en puesto del improvisado mercado instalado, ora concentrándose en una esquina de la torre a la que te hayas subido (figuritas grotescas que aparecen cada hora  del interior de sus muros convocan a esos liliputienses en la distancia que embelesados observan el reloj astronómico).

 
La belleza que te acosa no debe hacerte olvidar que este es uno de los puntos históricos, léase conflictivos, de la ciudad. Lugar de ejecuciones, protestas y revueltas que van alejándose en el tiempo, no deben ser olvidarlos, porque nunca sabes si tu viaje puede acercarte involuntariamente al siguiente. Si no tienes la suerte de encontrarte sólo allí en un amanecer de primavera (o con la inferior fortuna de estar tiritando en una fría noche de invierno), deberás cerrar los ojos y abstraerte del ruido que todo lo invade. Tal vez en ese momento cedas al encantamiento que te perseguía sin que fueras consciente y te conviertas en un habitante de épocas mágicas. Nunca dieron por muerto al Golem, puede que sólo estuviera ausente...
 

Postamigo

Día 2: Un largo día en Praga Callejeando por el Mundo

domingo, 15 de septiembre de 2013

Segunda oportunidad

Rincon toledano con pozo

Todo en la vida, no sólo las personas, merece una segunda oportunidad. La condición para quien la otorga es perdonar y olvidar; para quien la recibe, no repetir el error y enmendar el daño causado. Los destinos viajeros entran en esas categorías, aunque exigen un sobresfuerzo al doliente, que tendrá que mirar la realidad con otros ojos y esperar un resultado positivo de la nueva visita.
 
Tendrás que borrar de la mente cualquier recuerdo que te lleve a lejanos veranos de secano, con temperaturas de estío castellano resecándote por dentro y por fuera, impidiéndote hacer lo que de verdad te gustaría, mientras muchos a tu alrededor no lo soportan y se van; tienes que subir corriendo un día más, cargado como  una mula, esa cuesta de la peseta que te espera al final  con el puñal preparado. Sólo olvídalo; como dijo Nietzsche, lo que no te mata te hace más fuerte.

Plaza de Zocodover Toledo

Purificado de todo rencor y eliminados pensamientos negativos llegas de nuevo a Toledo. Es una pequeña ciudad de grandezas pasadas: fue capital de reinos e imperios y ejemplo de convivencia entre religiones, aunque también fuera tratada sin misericordia en tiempos de guerra; todo ello sin olvidar el Toletum de los eternos romanos. En nuestros días resurgió como una alternativa residencial y empresarial por cercanía a Madrid, pero que eso no te lleve a engaño: su densidad monumental e histórica es tal que no llegará el día para visitarla. Documéntate antes de ir, pues es seguro que ese rincón que tanto te ha gustado guarde una historia increíble que te dejará boquiabierto y que te poseerá cuando allí te encuentres.

Rincon toledano

Sensible al calor, buscas una hora temprana para callejear, cuando todavía no te cruzas con muchos viandantes y los bares no han puesto las terrazas. Una sensación de frescor te envuelve y ya miras la urbe de otra manera. Su orografía da juego para vistas muy diferentes y te vas animando a contrastarlas todas, sin temor a sufrir los rigores de temperaturas extremas porque te has preparado para ello. Toledo se aprecia desde su interior, pero también desde el otro lado del Tajo. Sus cumbres, es también una ciudad con siete colinas, se vislumbran sin dificultad, coronadas por construcciones representativas.

Toledo y el Tajo

Reserva tiempo suficiente para tu visita, para que cuando llegue el momento de marchar no te arrepientas de no haber visto todo lo que esperabas (y lo que sin duda descubrirás), pues la ciudad tiene una extraordinaria capacidad de desdoblarse en múltiples capas. Esto es lo que hace que tengas alternativas si el calor aprieta, porque a la refrescante orilla del río podrás sumarle el húmedo frescor de subterráneos, más o menos misteriosos, donde resguardarte.

Cuando regresas a casa vas asintiendo sin darte cuenta, saboreando el día, porque otro destino te ha conquistado al cambiar tu manera de ver las cosas. Piensas en la mirada extraña que aquel griego genial vertía sobre el mundo que le rodeaba y te das cuenta de que todo este tiempo andabas extraviado, pero Toledo, la intemporal Toledo, te hizo regresar a su vera...

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un Puente Continental

Puente de Galata desde el mar

No todos los días tienes la oportunidad de llegar a un puente que une lo viejo y lo nuevo, desde donde físicamente se ven Oriente y Occidente; donde tus planes de cruzarlo, para ir a ese destino en Estambul que marcan las guías como imprescindible, se ven alterados por una estructura moderna, nada sexy, pero a la que ya te has quedado pegado, otra vez catatónico, atravesado por la sensaciones más imprevisibles que puedan surgir en un viaje, pugnando unas con otras ruidosamente por captar tu atención. Tal vez sea ahí donde descubras el significado de la palabra perspectiva y donde entiendas por qué a ese lugar que une le llaman Haliç, o Cuerno de Oro. Lo atravesarás más de una vez, de día y de noche, caminando o en un vehículo (si es un taxi terminarás hablando de fútbol invariablemente) y a todas horas encontrarás gente allí, habitándolo o cruzándolo. Tal vez frenesí no sea la palabra adecuada para describir el ambiente que allí respiras, sino intensidad.

Pescando sobre el Puente de Galata

El puente de Gálata es un microcosmos. Cuando te lo encuentras bajando desde Sultanahmeth, la genovesa Torre Gálata, Beyoğlu y todo el increíble trasiego marítimo que allí ocurre le roban protagonismo; pero al irte acercando para atravesarlo, irás bajando el ritmo, percibiendo con nitidez la grandeza del lugar. Voces, cláxones, bocinas, sirenas de los barcos cercanos, pasos; todo  se escucha amplificado, todos quieren que te fijes en ellos. tiempo te sorprende mirando hacia la parte oriental observando la actividad de decenas de pescadores, lanzando sus anzuelos cebados una y otra vez, pugnando por encontrar su recompensa mientras a sus espaldas vendedores de mercancías de todo tipo están preparados para atenderlos.

Estambul desde el Puente de Galata al atardecer

Al ver que el día avanza, de repente decides volverte. Te imaginas que la vista de la parte occidental será diferente y tus ojos, todo tu ser, se ven inundados de una luz intensa, mágica, que te enseñan al ciudad a contraluz, porque contra lo que creías, sin darte cuenta la tarde ha ido avanzando a tus espaldas para robarte la cartera una vez más. Mientras los ardientes minaretes de la Mezquita de Suleimán perfilan su silueta contra el cielo anaranjado, limpiamente te enseñan la trayectoria del sol que poco a poco se dirige a alumbrar otras tierras. Disparas la cámara sin tener muy claro lo que luego verás, porque los coches, tranvías y viandantes siguen atravesando el puente, los vendedores siguen vociferando en el puente mientras las gaviotas, las eternas gaviotas, observan toda esa locura desde el aire, correspondiendo también con sus chillidos.

Decides volver sobre tus pasos y cruzar el puente por su parte inferior. Otro tipo de dinamismo la envuelve: multitud de restaurantes que se han establecido allí rebosan de clientela que acude a comer pescado en sus terrazas, tal vez el más fresco de la ciudad, y mientras disfrutan del festín elegido ven caer hilos, cubos incluso, y elevarse las más de las veces vacíos, pero otras sujetando peces que desesperadamente se revuelven contra su suerte, porque saben que el mar que abandonan nunca más lo verán, terminando en el plato de algún comensal conocedor, para su deleite, de que la pieza que le presentan acaba de pasar a mejor vida.

Aya Sofia desde Puente de Galata Vista Nocturna

Cuando por la noche, harto ya de correrías turcas, vuelves a atravesarlo, la actividad ha descendido de madrugada, pero no se ha detenido de todo: todavía algún vehículo la cruza, todavía hay pescadores acechando y vendedores dispuestos a atenderlos. El mar te habla con un murmullo extraño: tal vez sean las voces de las viejas sirenas llegadas al Mármara, ese mar de tintes oscuros agitado por el viento, buscando algún moderno Ulises, desprevenido y sin ataduras, al cual sumergir con ellas; o quizás lamentos de fantasmas bizantinos gimiendo por tesoros de leyenda que escondieron en el Haliç, pensando en recuperarlos algún día. No pierdas el tiempo buscándolos, porque el mayor de ellos está ante tus ojos: por un momento, la ciudad entera a tus pies te mira con cariño, porque sabe que todas las noches volverás a cruzar maravillado ese puente, estés donde estés...

Postamigo

Día 4. Rincones mágicos en Estambul!!! Descubriendo

domingo, 25 de agosto de 2013

Península con Palacio

Fachada principal del palacio de la Magdalena Santander
 
El malogrado Ernest Lluch, en aquellos tiempos rector de la Universidad Melendez Pelayo (UIMP), cerró su intervención de bienvenida a uno de sus tantos cursos de verano con una noticia sorprendente: anunciando a los asistentes que no se fueran, que les esperaba en el recinto del Palacio de la Magdalena, la sede de la institución, una fiesta de bienvenida con todas las de la ley: jolgorio universitario y fuegos artificiales en un entorno excepcional, lo cual suponía un plus y una buena manera de comenzar la formación veraniega porque confirmaba que  había tiempo para todo: para las jornadas académicas matinales, para la playa por la tarde y para las exploraciones nocturnas del territorio cántabro en compañía de las nuevas amistades forjadas tras esa noche.
 
La sede de la UIMP es una construcción relativamente moderna, de principios del siglo pasado, erigido por suscripción popular  para establecer a la Familia Real en Santander durante el verano, trasladando allí la corte. Una forma de inversión para generar riqueza con ello, que un paseo por la ciudad permite confirmar, aunque haga décadas ya se haya cambiado el destino de las instalaciones. Debe su aspecto y estado de conservación a la labor de renovación que el propio Lluch promovió. Para llegar a él necesitas de un esfuerzo, que tiene muchas recompensas: debes cruzar la Península de la Magdalena, un reducto verde, producto de la reforestación a partir de la presencia real, que atravesarás y en donde encontrarás motivos para la distracción, que hagan que llegues más tarde de lo programado, o que no desees abandonar el área tan pronto como pensabas. En lo alto de la península, rodeado de verde y azul, sentirás como el viento lleva el mar a tus sentidos, pura Cantabria.

Tal vez llegues a estas tierras en la estación veraniega. Sediento de sol y playa como estarás y con tentaciones culinarias extendiendo sus tentáculos para atraparte,  no olvides subir hasta el palacio para desde allí otear el horizonte. Las buenas vibraciones del antiguo rector todavía inundan el lugar...

domingo, 18 de agosto de 2013

Latidos húngaros

Palacio de las Artes en Plaza de los Heroes Budapest
 
El corazón de Budapest se escucha en varios lugares de la capital. Tal vez suena con más fuerza en sitios concretos, contagiando su ritmo a aquéllos que transitan por allí. En la Plaza de los Héroes (Hősök tere), no puede haber un nombre más evocador para esa explanada, escucharás al unísono como retumban el tuyo y el de la ciudad del Danubio (o de las dos ciudades, que para ello retrocedemos a tiempos míticos). Según te vas acercando al monumento sientes como si tus pasos te llevaran hacia un tribunal dispuesto a juzgar tus actos con rigor, imponiéndote una penitencia de la que no te librarás hasta que sea cumplida.

Plaza de los Heroes Budapest

 Tal vez hayas llegado allí siguiendo la línea trazada por la Avenida Andrassy, que finaliza allí. O tal vez necesites aplacar tu sed artística en el Museo de Bellas Artes o tu fino olfato haya detectado alguna inauguración de relumbrón en el de Exposiciones Artísticas, quedándote al final a la sesión chill out en sus escaleras, compartiendo con otros asistentes vino húngaro y delicatessen locales. O puede que la hayas cruzado dirigiéndote al Parque de la Ciudad (el Városliget) o a los Baños Széchenyi,  que por sí solos merecen una entrada aparte. Sea cuales fueran tus motivos, tendrás que detenerte en la plaza, como si dos guardianes invisibles te impidieran continuar.
 
Monumento del Milenio en Plaza de los Heroes Budapest

Si tu visita fuera de noche, o no hubieras tenido suficiente a la ida, la magia húngara te estará esperando, acechando tus pasos para sorprenderte nada más llegar. Seguramente estés solo, todos habrán evitado  cruzarte y no quedar prendados de tu hechizo, o tal vez te observen escondidos en la distancia, para ver si pagas cara tu osadía. Nada será igual esta vez porque sentirás la presión de sus miradas en la nuca, Por si esto no fuera suficiente, enfrente tendrás a los jefes de las Siete Tribus Magiares, montados en sus impresionantes caballos y secundados por los reyes que dejaron huella en la historia del país.

Detalle Jefes Siete Tribus en Plaza de los Heroes Budapest

 Llegado ese momento te sentirás desnudo, esperando tu destino mientras todos, monturas incluidas, te examinan desde las cuencas vacías de sus ojos (interesante apunte de la Wikipedia al final de su artículo). No es la primera vez que te encuentras en semejante situación, pero nunca ante tantos y tan dispuestos. Está claro que tu elocuencia ha de ser poderosa si quieres escapar de esta, porque por estos pagos pareciera que es mejor salir de casa llevando escudo y montura, amigo Sancho...

domingo, 21 de julio de 2013

Visión sin final

Montaña Roja desde la Playa de La Tejita

Otra vez llegas tarde a la playa de La Tejita. Que si hacía calor, que si era pronto, que te llamaron y se  pasó... pero decidiste ir a caminar por su arena mojada, esponjosa, oscura. Desde las sombras que ya la cubrían te diste cuenta con el fulgor del atardecer que lo que llaman Montaña Roja quería moverse. Pugnaba por romper lo que la unía a tierra firme y transformarse en un tsunami aterrador o en una monstruosa ballena que te tragara como a un moderno Jonás. Pero en la playa te encontrabas tranquilo y seguro, porque a pesar de todo no sentías temor, como los demás. Nada malo podía pasarte en aquellas aguas calmas, que al romper contra las rocas te decían que una vez más la montaña no lo conseguiría, pues a pesar de su fuerza era mayor la de la tierra que la sujetaba.

Aunque realmente el macizo de lava sólo quería escapar de su prisión y dirigirse hacia donde se ocultaba el sol, que la llamaba todas las tardes para mostrarle lo que había tras la línea del horizonte. Tendría que pasar mucho tiempo para que eso sucediera, pero ella sabía que tarde o temprano ocurriría. Todo eso lo supiste cuando dejabas la playa de La Tejita, adonde volverías otro día, porque querías saber como terminará esa historia...

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